Imagine
una pequeña isla en el Pacífico con kilómetros de playas de arena
blanca, rodeada por grandes bancos de coral sumergidos en aguas
transparentes. Ahora imagine que esa isla se ubica más o menos a la
misma latitud que la frontera que divide México y Estados Unidos y a
la misma distancia de San Diego que de Tijuana, que esa isla se llama
Coralito, y que es habitada por poco menos de tres mil pobladores.
Considere
que el poblado fue fundado en el siglo diecinueve por ex
presidiarios, prostitutas, desertores del ejército, tahúres
desterrados y alcohólicos irredentos y que a comienzos del siglo
veinte se convirtió en refugio de hombres y mujeres expulsados de
todas partes que buscaban comenzar de nuevo, que sus habitantes
prosperaron primero traficando armas para la revolución mexicana y
luego whisky durante la ley seca.
¿Le
parece poco? Entonces suba la apuesta.
Imagine
que el pueblo prosperó junto con el cultivo de amapola en Sinaloa,
llevando y trayendo, y que, durante esos años, sentó las bases para
lo que hoy parece su principal actividad económica, el turismo.
En
esa isla, en ese pueblo con una veintena de calles y dos avenidas, en
ese pueblo con hoteles, restaurantes, bares y prostíbulos
conoceremos a “Honesto” MacThief, policía de toda la vida,
descendiente de policías, descendientes a su vez de cuatreros. Un
policía de pueblo que está esperando ansiosamente su jubilación
para poder hacer un viaje a Río de Janeiro, y que junto con media
docena de policías (una mujer y cinco hombres) mal preparados,
constituyen todas la fuerzas del orden de Coralito.
¿Es
suficiente? Para que amarre agregue algunos policías federales
mexicanos, un agente de la DEA, un par de políticos, hombres de
negocios y un turista extranjero con un pasado turbio.
Todo
esto lo encontrará en “Un hombre de ley”, segunda novela
publicada de un tal Roberto Bardini, un tipo con un pasado un tanto
turbio; escritor, periodista, docente, corresponsal de guerra,
exiliado (no, no se trata de un personaje literario), quien, con un
oficio depurado por los años, nos llevará a conocer qué sucede en
Coralito cuando, coincidiendo con la llegada de un extranjero,
empiezan a aparecer cadáveres y los personajes se ponen en acción.
El
comisario “Honesto” MacThief, jefe de policía, tiene que echar
mano de todo su oficio y experiencia para develar a él o los
culpables y restaurar el orden, en un pueblo donde legalidad e
ilegalidad están divididos por una línea demasiado difusa.
En
“Un hombre de ley”, si algo queda claro, es que la ley nunca
pierde.
Un
hombre de ley
Roberto
Bardini
Secretaría
de Cultura / Resistencia
Colección
Código Negro
192
pp
