miércoles, 30 de noviembre de 2016

“Un hombre de ley” de Roberto Bardini, por Eric Ramírez



Imagine una pequeña isla en el Pacífico con kilómetros de playas de arena blanca, rodeada por grandes bancos de coral sumergidos en aguas transparentes. Ahora imagine que esa isla se ubica más o menos a la misma latitud que la frontera que divide México y Estados Unidos y a la misma distancia de San Diego que de Tijuana, que esa isla se llama Coralito, y que es habitada por poco menos de tres mil pobladores.
Considere que el poblado fue fundado en el siglo diecinueve por ex presidiarios, prostitutas, desertores del ejército, tahúres desterrados y alcohólicos irredentos y que a comienzos del siglo veinte se convirtió en refugio de hombres y mujeres expulsados de todas partes que buscaban comenzar de nuevo, que sus habitantes prosperaron primero traficando armas para la revolución mexicana y luego whisky durante la ley seca.
¿Le parece poco? Entonces suba la apuesta.
Imagine que el pueblo prosperó junto con el cultivo de amapola en Sinaloa, llevando y trayendo, y que, durante esos años, sentó las bases para lo que hoy parece su principal actividad económica, el turismo.

En esa isla, en ese pueblo con una veintena de calles y dos avenidas, en ese pueblo con hoteles, restaurantes, bares y prostíbulos conoceremos a “Honesto” MacThief, policía de toda la vida, descendiente de policías, descendientes a su vez de cuatreros. Un policía de pueblo que está esperando ansiosamente su jubilación para poder hacer un viaje a Río de Janeiro, y que junto con media docena de policías (una mujer y cinco hombres) mal preparados, constituyen todas la fuerzas del orden de Coralito.
¿Es suficiente? Para que amarre agregue algunos policías federales mexicanos, un agente de la DEA, un par de políticos, hombres de negocios y un turista extranjero con un pasado turbio.

Todo esto lo encontrará en “Un hombre de ley”, segunda novela publicada de un tal Roberto Bardini, un tipo con un pasado un tanto turbio; escritor, periodista, docente, corresponsal de guerra, exiliado (no, no se trata de un personaje literario), quien, con un oficio depurado por los años, nos llevará a conocer qué sucede en Coralito cuando, coincidiendo con la llegada de un extranjero, empiezan a aparecer cadáveres y los personajes se ponen en acción.
El comisario “Honesto” MacThief, jefe de policía, tiene que echar mano de todo su oficio y experiencia para develar a él o los culpables y restaurar el orden, en un pueblo donde legalidad e ilegalidad están divididos por una línea demasiado difusa.
En “Un hombre de ley”, si algo queda claro, es que la ley nunca pierde.


Un hombre de ley
Roberto Bardini
Secretaría de Cultura / Resistencia
Colección Código Negro
192 pp